Se lo llevarán
preso a seguro
Escribe: Carlos Girotti

De algunas personas se podrán decir muchas cosas, menos aquella de que no ganan para pagar disgustos. Sin embargo, no las tienen todas consigo. Andan en y con problemas. Bueno, es lógico: gobernar no es sencillo para nadie. Nunca lo fue, por otra parte. Claro que si una buena porción de las promesas de campaña pasaban por la seguridad en la ciudad de Buenos Aires, y lo más inseguro resulta ser el mismísimo gobierno, ahí la cuestión se complica. La saga de los espías y los espiados dará temas para investigaciones, novelas de ciencia ficción, letras para las murgas, libretos para el teatro de revistas y, sobre todo, dolores, muchos dolores de cabeza. A ver, hay migrañas que, por estas horas, serán espantosas y no habrá testa que soporte ciertos monólogos interiores.

¿Cómo es que todo salió tan mal? Primero hubo que renunciar al Fino, después a Chamorro. Encima, uno ya está detenido y se conocieron los motivos nada personales de su renuncia. ¿Pasará lo mismo con el otro? Todo para atrás. ¿Qué hacer con los patrulleros nuevos, pintaditos con ese cuadriculado que se repite en las gorras de los policías metropolitanos? Era tan europeo ese diseño, tan prolijo. Para colmo, y mezclada con los casos de espionaje, se cae la tropita de apretadores nocturnos de okupas, horticultores orgásmicos, cristos deambulantes y personajes varios de la intemperie urbana. No estaba pensado que fuera así. Ni por las tapas. De repente se hizo la noche. Estuvo buenísimo no apelar la decisión judicial sobre los matrimonios gay. Una explicación concisa, cortita y al pie, que no dejara de reivindicar la moral y las buenas costumbres pero que, al menos, no abriera otro frente. Los custodios de la fe comprenderán, sin dudas. Después a volar. Poner distancia y la cara que la muestren otros, aunque sean caras desencajadas, no importa. Lo que importa es que haya un océano de por medio, máxime con la visita del presidente de Israel que, como era de esperar, del atentado a la AMIA no se olvidaría. Suerte que el Fino ya estaba renunciado pero, es sabido, nunca falta un buey corneta. ¿Y Ciro? ¿Y los jueces misioneros que ordenaron las escuchas? Ahora uno de ellos dice que con Ramón Puerta nada que ver. ¿Nadie lo va a parar a Oyarbide? ¿Qué le pasó a este tipo? Este dolor de cabeza ya es insoportable. Los periodistas van a preguntar, no todos, es verdad, pero algunos se van a venir a las barbas. Ojalá Mirtha diga algo, o Marcelo, o Susana. Alguien tiene que salir a bancar. No puede ser una complicación semejante. Si todo estaba calculado. Especialistas. Profesionales. Reclutas. Compras directas. Oficinas contiguas. Todo. Nada había quedado librado al azar. ¿Cómo es posible? Mejor ni pensar en qué dirán los votantes. No los que son como uno, los otros, los que quisieron ver algo distinto, novedoso, ejecutivo, apolítico; limpio, sobre todo limpio, nada de corruptelas, de mordidas propias de los que nunca tuvieron una herencia en marcha; y joven, buscaban una gestión joven esos votantes, los que se alegraron como si bailaran ellos en sus casas cuando vieron el pogo del festejo del triunfo. ¿Volverán a creer esos tipos? ¿Cómo se hace una campaña presidencial ahora? El ecuatoriano debe saber. Tiene que saber. Siempre supo. Después de todo sigue habiendo crímenes por todas partes. No hay otra noticia más fuerte. Si no es un policía es una catequista. Hasta vale contar al pibe que apareció tirado y en coma después de la desbandada por la corrida de la cana. Todo suma. La inseguridad es tremenda. Es tremenda, en serio. Habrá que insistir en esto, mostrar estadísticas, visitar a las víctimas sobrevivientes o dar el pésame a los deudos de los que se fueron. Sangre no va a faltar, eso es seguro. La sangre cubre todo. No hay como la sangre porque, al final, la gente entiende que así no se puede seguir. Te esperan a la salida de un banco, o te piquetean la calle, o te cortan la Panamericana, o te meten un tiro para robarte el auto, o te dejan sin subte. Es un descontrol. Así no. Ahí está: eso es lo que hay que comenzar a decir. Así no. Todos lo tendrán que repetir, con cualquier pretexto; el que tenga una responsabilidad en cualquier área tendrá que decirlo. Si se arregla un bache, o si no se arregla: así no. Si los denunciantes de la represión manicomial se quedan, a si se los manda de paseo: así no. Si se cae el presupuesto para educación, vivienda, cuestiones sociales, o si se lo negocia en reuniones legislativas: así no. Aunque venga un pedido de interpelación, o la oposición se plante como querellante en Comodoro Py: así no.
Definitivamente no. No se puede seguir de este modo, en medio de un caos en el que la seguridad se sacrifica en el altar de cualquier verdad barata. ¿Qué es la seguridad? ¿Un artículo de saldos y retazos? ¿Una nadería? ¿Por qué lo critican al motonauta? ¿Porque quiere recuperar la calle? ¿Está mal eso? ¿Qué tiene de malo? ¿O prefieren que la calle no la manejemos y la manejen otros? ¿Eso quieren? ¿Están seguros? Piénsenlo. Está bien: la información que había en la computadora de Chamorro era de cuarta, algo grave pero no ilegal. Lo ilegal son las protestas, la ocupación del espacio público, las marchas sin permiso. Lo ilegal es no hacer nada frente a semejante desmadre porque un buen funcionario no debe mirar al costado, tiene que actuar con firmeza. Un buen funcionario tiene que prevenir el delito, los delitos. Eso es lo legal. Bueno, sí, con Fino hubo un error de apreciación. Es decir, con el señor Palacios (conviene decirle señor ahora que los términos de su renuncia se hicieron públicos y la Metropolitana quedó a contramano). Pero el tipo era de lo más confiable que había en plaza, con antecedentes que no inducirían a nadie al error.
Por cierto, basta de errores y de especulaciones; hay que ir a lo seguro. Lo seguro no tiene precio. Si lo sabrá la buena gente que, por un poco de seguridad, aunque más no sea por disfrutar de la sensación de que el mes que viene habrá menos sangre que éste, pagaría lo indecible. Eso. A partir del 10 de diciembre hay que decir “tiene que haber menos sangre”. No es lo mismo hablar de tasas de inflación que de tasas de criminalidad. Hay que bajar la criminalidad “porque no la quieren bajar”. Eso: no la quieren bajar, hay que decir. ¿O acaso no ven cómo cada asesinato es relatado en cadena nacional y ellos no hacen nada, ni para esclarecerlos ni para pararlos? El matrimonio nada hace. Es como si no les importara. Habrá que insistir en esta idea: es como si no les importara. De hecho no les importa. Ahí está: de hecho no les importa porque, si les importara, algo harían. Duda: ¿aprobará esta idea el ecuatoriano? No, nada que ver, seguro que la aprueba. Es lo más seguro, porque criticar  la reforma política o la asignación ésa para los pibes no cosecha tanto como demostrar la insensibilidad frente a la sangre inocente. Si total ésta va a seguir saliendo a borbotones, no va a escasear y la insensibilidad, que es hija de la soberbia de ellos, tampoco.
Menuda sorpresa se van a llevar esos dos; justo ellos que en todos estos años se mostraron tan seguros de sí mismos. Pero se olvidaron de algo: a Seguro se lo llevaron preso.