Todavía no tenemos su cuerpo, pero tenemos su alma testimonial. Rodolfo Walsh, entregó todo. No sólo a través de su magistral pluma y su capacidad literaria, sino algo más valioso: su compromiso ético, social y político.
Fue un minucioso y metódico investigador, y un obstinado en la búsqueda de la libertad y la justicia. En su juego preferido, el ajedrez, no desconocía que es utópico dar jaque mate con los peones, pero también sabía que sin ellos la conquista es imposible.
Nos enseño cómo buscar desde el detalle. Nos reveló cómo un aniquilamiento de obreros sublevados, se torna en una “Operación Masacre”. Un día escuchó: “Hay un fusilado que vive” y esa afirmación le bastó para elaborar la más rigurosa investigación del asesinato de nuestros santos inocentes en los basurales de José León Suárez.
Rodolfo fue periodista, escritor, y militante de la causa popular. Nunca dudó ni se doblegó. Siempre fue por más. El, como Mariano Moreno en el siglo XIX, sabía perfectamente dónde anidaban los alacranes.
Un día se preguntó “Quién mató a Rosendo” y desentrañó el poder oculto de burocracias sindicales.
Nosotros nos preguntamos, aún hoy y todos los días, quién mató a Rodolfo.
Porque estaba muerto cuando llegó a la Escuela de Mecánica de la Armada, aquel 25 de marzo de 1977. El día anterior había cumplido su misión: denunciar públicamente las atrocidades de la dictadura militar al cumplir un año. Tampoco la emboscada pudo con él. Uno de sus probables asesinos declaró que “no lo podía bajar porque se mantenía en pie”. Una metáfora dramática y vigente, porque Rodolfo Walsh sigue de pie.
La “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, es la obra que más lo enaltece y lo trasciende. Es la obra maestra del periodismo universal, dijo García Márquez.
Por eso, decir hoy Rodolfo Walsh es alumbrar a las nuevas generaciones. Pero también, es su mirada cuestionadora que desde algún lugar nos interroga. ¿Los periodistas, estamos haciendo lo que corresponde, estamos a la altura de las circunstancias, o más francamente, estamos a su altura?
Walsh decía que la máquina de escribir era un arma. Hoy son los micrófonos, las notebooks y es internet. Un arsenal más sofisticado que él seguramente hubiera puesto en manos de la justicia social.
No hubo periodista más honesto, más transparente. Nunca escondió su ideología, no tuvo doble discurso, ni se humilló ante el poder económico.
Rodolfo es un faro que alumbra y no se apaga. Resiste y encandila a los que no quieren ver. Seguir esa huella, tan entrañable, tan necesaria, es nuestro compromiso.
Roberto Luzardi
Periodista |